viernes, 27 de febrero de 2009

Evolución en la edad media

El espíritu religioso permaneció en la edad media surgiendo otras organizaciones que tenían como una de sus finalidades el cuidado del enfermo; órdenes militares, creadas con las cruzadas, organizaciones religiosas de laicos, hombres y mujeres que no hacían el voto perpetuo y podrían trabajar sobre la orientación de la iglesia; la monja y el monje, en los primeros siglos del medioevo, se convierten en los enfermos de la sociedad occidental. Las órdenes militares y laicas trabajan bajo el auspicio de la iglesia. En este contexto la enfermería ganó cierto prestigio y pasó a ser desarrollada, en gran parte, por religiosas, demostrando básicamente un cuidado inclinado hacia los aspectos filantrópicos y caritativos, con cualidades personales caracterizados por prestar un cuidado con una imagen angelical, de vocación, ayuda, donación y otros. Sin embargo, se mantienen el empirismo, el aprender hacer en la práctica y la acción basada en el conocimiento del saber común. El pensar y el saber de la Enfermería, conducidos por la iglesia Católica, se confunden con la religión.
La intelectualidad eclesiástica se encargaba de celar por los sagrados escritos y distribuir la palabra de Dios, a través del cuidado del cuerpo. El espíritu de servicio fue el primero en orden cronológico y el primero en la importancia para la práctica de enfermería. Cuando aún no había ciencia era el espíritu de servicio lo que contaba.
Desde el inicio del cristianismo hasta el feudalismo en la edad media, la enfermería era independiente de la práctica médica, o sea, sus funciones no presuponían órdenes médicas o planes médicos terapéuticos; parecían que eran dos trabajos con objetivos y objetos diferentes. El objetivo de la enfermería no se ligaba al cuerpo del enfermo, ni a su enfermedad: importaba el confort del alma del paciente y los agentes de enfermería, para su salvación a través del cuidado. Ese fue el modelo religioso que identificó la enfermería de ese tiempo, influenciada por la fuerte ideología religiosa. Cristiana, que exigía de la mujer enfermera docilidad, devoción, donación para el cuidado del enfermo.
A partir de esos hechos históricos, se deduce que las motivaciones, para cuidar a los enfermos ciertamente se situaron en el ámbito de religión y no en la ciencia o en la tecnología; quedando el cuidado como acto de solidaridad humana, vinculado históricamente a la religiosidad y a la abnegación.
De esa orientación, se puede afirmar que lo que la identificaba a la enfermera, en ese momento; aún era la imagen de la mujer con características histórico – cristianas y el cuidado vinculado a la moral y a la religión.
EL MONACATO Ayudó a crear organización y estabilidad sobre el caos, se establecieron reglas para el sueño, el descanso, la dieta, el vestido adecuado y el equilibrio entre estudio, oración y trabajo normal, lo que fue acogido por personas espiritualmente normales.
El cuidado de los enfermos se convirtió en función de la comunidad y el trabajo de enfermería lo ejecutaban también los monjes con hombres, monjas, diaconisas mujeres. Existían también ayudantes laicos y voluntarios.
En los siglos VI Y VII la iglesia concedía la posibilidad de que la mujer pudiera estudiar carreras prácticas e intelectuales, pero era necesario dar identidad a estas personas que era religiosas humildes, obedientes y que entregaban su servicio a los demás, por tanto, la ropa distintiva debía ser uniforme
En el ISLAMISMO la influencia árabe llegó hasta la India y la China, la conquista de los pueblos árabes los puso en contacto con varias culturas, la medicina era uno de los intereses de ellos y tradujeron al árabe escritos de Hipócrates y Galeno. El hospital de Bagdad contaba con médicos asalariados (primer caso de médicos remunerados en la historia) los médicos como Maimónides aconsejaron sobre la importancia de la terapéutica, la higiene, los venenos, la dieta y los primeros auxilios.
Los enfermeros solían acudir a la batalla y luego al cuidado de los heridos y enfermos; a éstos se les conocía como “Caballeros Hospitalarios”, quienes llevaban el nombre de acuerdo con el sitio geográfico donde pertenecía, Caballeros de Rodas, Caballeros de San Juan de Jerusalén, quienes pasaron a llamarse Caballeros de Malta cuando el emperador Carlos V les cedió la isla de Malta en 1530; ésta fue la única orden militar que cuidaba pacientes psiquiátricos.
Sus funciones originarias fueron adoptadas y ampliadas en el siglo XX por la Cruz Roja. Los Caballeros utilizaban la Cruz Maltesa y sus ocho puntas ejemplificaban las tareas de caridad de su vida cotidiana.
Los caballeros teutónicos se encargaban de dirigir y orientar a guerreros, enfermeros y hermanos espirituales, además asumían la construcción y administración de hospitales y desde el principio cumplían trabajos militares y de enfermería estableciendo estándares para la administración hospitalaria, la misma que sirvió como modelo para toda Europa.
Los Caballeros de San Lázaro constituían la orden más antigua de las órdenes hospitalarias. Se encargaron de atender a los leprosos, quienes fueron excluidos de la sociedad y confinados en sitios llamados lazaretos. Los miembros de los Caballeros de San Lázaro no eran sólo guerreros sino quienes habían padecido la enfermedad de la lepra; esta organización dejó de ser hospitalaria y pasó a ser militar puramente, desapareciendo como tal en el año de 1830.
Según muchos estudiosos, el papel de la mujer cambió con el servicio a la sociedad y le abrió la puerta para dedicarse a actividades de honor y dignidad, especialmente para aquellas mujeres solteras.
La característica esencia de la buena enfermera era la obediencia y los impulsores de estos conceptos eran los médicos y sacerdotes. El cuidado de la humanidad toma un significado fundamental, donde hombres y mujeres participan del trabajo social, y nacen las diaconisas (mujeres viudas y solteras), las canónigos y monjas, quienes organizaron su trabajo para beneficio de toda la comunidad. Así, Febe, considerada mujer de importancia y dignidad, es reconocida como la primera enfermera visitadora, ya que atendía a los necesitados y enfermos en sus hogares. La iglesia crea funcionarios con autoridad tanto hombres como mujeres provenientes de familias ricas con talento y de buena cuna, a las que se les encargó el cuidado y tratamiento de las personas enfermas.
Las Órdenes Mendicantes aparecieron con las órdenes religiosas, San Francisco de Asís se convirtió en el defensor de los pobres, a pobreza y la humildad, formó parte de la comunidad de frailes grises (por su vestimenta) y hacía hincapié en la observación y la ayuda espiritual a los demás. Las hermanas Agustinas constituyeron la primera orden que ejecutaba el trabajo de enfermería y bajo su responsabilidad había la obligatoriedad de cumplir con este trabajo. En 1633 aparecen las hermanas de la Caridad, orden que fue fundada en Francia por San Vicente de Paúl (1576 – 1660), y ejercieron bajo auspicio de la iglesia católica el cuidado a los enfermos. Esta orden se creó en un momento en que la miseria y las guerras estaban aniquilando a Francia. Entre 1500 y 1860 la enfermería sufrió su mayor revés, había llegado el momento en que quienes trabajaban con los enfermos eran personas sin conocimientos, rudas y desconsideradas, las enfermeras eran reclutadas de entre los pacientes, de las presas y los grupos sociales más bajos, su trabajo era de limpieza y causa de gran fatiga pues lo realizaban hasta por 24 a 48 horas ininterrumpidas. La enfermería apenas estaba organizada y como consecuencia carecía de posición social.
Como consecuencia de la reforma protestante, en Inglaterra y en toda Europa, los hospitales fueron entregados a los laicos que dirigían el personal que cuidaba de los enfermos. Ese personal era el más bajo en la escala social, formado por mujeres consideradas como la escoria de la sociedad, personas, inmorales, alcohólicas y analfabetas, que trabajaban como parte de un castigo o por necesidad; eso en contraposición a la orientación caritativa – vocacional, imperante en el período anterior. El trabajo era pesado y el salario escaso, más allá de carecer de organización y supervisión. En estas condiciones, las personas más pobres y enfermas, en cuanto tuvieron a alguien para cuidarlos en sus propias casas, aunque mal alimentado y desprovisto de confort, se negaban a ir para un hospital. Los que se decían enfermeros de esos establecimientos dejaban a los enfermos morir al abandono y les exigían pagos, así fuesen a los enfermos más indigentes. Imperaba la falta de higiene y la comida era detestable e insuficiente. Este modelo de enfermería perduró hasta el siglo XVI, estableciéndose la crisis conocida como el “el período negro” o “período oscuro” de la enfermería; ocurriendo juntamente con la caída del feudalismo y la instalación del capitalismo.

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